La ciencia detrás de contar historias: por qué hacerlo es la forma más poderosa de activar nuestro cerebro.

Durante 1748, el político y aristócrata británico John Montagu, conde de Sandwich pasó mucho tiempo jugando cartas. Él disfrutaba mucho comer pequeños bocadillos que le permitieran tener una mano libre para seguir jugando. Por esta razón se le ocurrió poner rebanadas de carne en medio de dos panes tostados. Este bocadillo le permitiría jugar y comer al mismo tiempo. El conde nunca se imaginó que su pequeña creación se convertiría en uno de los alimentos más populares del mundo occidental.

Lo que resulta interesante de esto es que difícilmente olvidarás la historia de la invención del sándwich. Esto es aún menos probable que si la información se nos hubiera presentado en viñetas o solamente los datos. Por más de 27,000 años, desde que las primeras pinturas rupestres fueron descubiertas, contar historias ha sido unos de los medios de comunicación más importantes.

Nuestro cerebro y las historias: cómo el cerebro se vuelve más activo cuando contamos una historia.

Todos disfrutamos una buena historia, ya sea una novela, una película o simplemente una explicación proporcionada por un buen amigo. Pero, ¿por qué nos sentimos mucho más involucrados en los eventos cuando escuchamos su narración?

De hecho, la respuesta es muy simple. Si vemos una aburrida presentación de PowerPoint, una parte de nuestros cerebros se activa. Estas áreas se llaman área de Broca y área de Wernicke. Es en estas zonas donde se da el procesamiento del lenguaje, donde se decodifican las palabras y sus significados.

Cuando escuchamos una historia, las cosas cambian dramáticamente.  No solo se activan las zonas del procesamiento del lenguaje. También se activan las zonas que usaríamos si hubiéramos experimentado los acontecimientos que la historia cuenta.

Si alguien nos cuenta acerca de lo deliciosa que fue una comida que probó, nuestra corteza sensorial se activa.

“Metáforas como “canta como los ángeles” o “manos ásperas como lijas” activan la corteza sensorial […] Más tarde, los cerebros de los participantes fueron escaneados mientras leían oraciones como “Pablo pateó el balón”. El estudio reveló actividad en la corteza motora, que es la zona encargada de coordinar los movimientos del cuerpo.”

Basta una historia para poner a trabajar a todo el cerebro. Cuando contamos una historia a quienes han influenciado nuestra forma de pensar, se tiene el mismo efecto en sus cerebros. El cerebro de quien cuenta la historia y quien la escucha se puede sincronizar.

“Cuando la mujer comenzó a hablar en inglés, los voluntarios entendieron su historia. Sus cerebros se sincronizaron. Cuando su ínsula, una región emocional del cerebro, mostraba actividad, también lo hacían las de los que la escuchaban. Cuando su corteza frontal lo hizo, la de ellos también. Con solo contar una historia, la mujer transmitió ideas, pensamientos y emociones a quienes la escuchaban.”

Todo lo que has experimentado lo puedes transmitir a otros. O al menos, puedes lograr que sus cerebros reaccionen de la misma forma que el tuyo.

La evolución creó nuestros cerebros para contar historias. ¿Cómo hacer uso de ello?

Sí, todo esto es muy interesante. Ya sabemos que podemos activar nuestros cerebros si escuchamos historias. Sin embargo, queda pendiente la respuesta a las siguientes preguntas: ¿Por qué pasa eso? ¿Por qué el formato de una historia, donde los eventos se desarrollan de una forma específica uno tras otro, tiene un impacto tan profundo en nuestro cerebro?

La respuesta más simple es que así estamos diseñados para funcionar. Si una historia se reduce a su forma más simple es sólo una serie de causas y efectos. Y es precisamente de esa forma que nosotros pensamos. A lo largo de todo el día pensamos en narraciones. Ya sea mientras hacemos las compras o si pensamos en el trabajo en casa. A veces inventamos pequeñas historias, anticipando una reunión, por ejemplo. De hecho, se descubrió que hasta el 65% de nuestras conversaciones se conforma de historias personales y chismes.

Por otro lado, casi siempre que escuchamos una historia, intentamos relacionarla con alguna experiencia personal previa similar. Esta es la razón por la cual las metáforas son tan aceptadas. Cuando nuestro cerebro comienza a buscar un experiencia similar se activa la ínsula, la cual nos ayuda a relacionarnos con esa experiencia.

Relacionamos las metáforas con acontecimientos reales automáticamente. Nuestro cerebro siempre está buscando relaciones de causa y efecto.

¿Cómo hacer uso de esto?

Intercambia sugerencias.

¿Te ha pasado que un amigo te cuenta una historia muy buena y un par de semanas después se la cuentas tú a él, como si fuera tuya originalmente? Esto es absolutamente normal. Además es una buena forma de hacer que otras personas acepten y apoyen tus ideas.

Por lo tanto, la próxima vez que tengas dificultades logrando que alguien apoye tus ideas y proyectos, cuéntales una historia. Esta historia debe mostrar cómo llevar a cabo tu idea es lo mejor que se podría hacer. Recuerda que contar historias es una de las poquísimas formas de plantar ideas en las mentes de otras personas.

Escribe más persuasivamente. Usa historias personales o de expertos.

Si empiezas a escribir algo, es normal pensar “no tengo mucha experiencia en esto, ¿Podría hacer mi escrito más creíble si cuento anécdotas personales?” La mejor forma de salir de este dilema es intercambiando tus historias con las de expertos en el tema. Esta es una gran forma de añadir credibilidad mientras cuentas una historia.

Las historias simples dan mejores resultados que las historias complicadas.

Cuando se piensa en una historia resulta fácil pensar que entre más complicada y detallada, resultará más interesante. No obstante, la verdad es que entre más simple sea una historia más se quedará en la mente de quien la lee. Usar lenguaje simple de baja complejidad es la mejor forma de activar las regiones del cerebro que nos hacen involucrarnos de lleno con los acontecimientos contados en las historias. Intenta por ejemplo, reducir la cantidad de adjetivos o de sustantivos elaborados en una presentación o en un artículo. Cambia esas palabras demasiado elegantes por lenguaje común.

Un último consejo: Nuestros cerebros aprenden a ignorar palabras rebuscadas y frases que se usaban antes para mejorar las historias. Es algo que vale la pena recordar al planear tu próxima historia.

Ser pobre es caro

Dinerp

Dinerp

Se podría pensar que ser pobre es fácil. No se tiene el dinero suficiente para comprar muchas cosas, por lo que simplemente se compra solo lo necesario. Sin embargo no es así como funciona. Cuando no tienes dinero, no puedes darte el lujo de llevar a cabo algunas pequeñas acciones que te llevarían eventualmente a mejorar tu situación económica. Es por esto que al final cuesta más ser pobre.

Cuando eres pobre no puedes comprar comida a granel, en paquetes o al por mayor. Tampoco puedes comprar cosas de mejor calidad que duren más tiempo o ser dueño de tus propias cosas en vez de rentarlas. Además, ahorrar a largo plazo resulta caro en una primera instancia. Y lo que es peor aún, ser pobre conlleva algunos gastos intangibles que hacen que salir de esta situación sea mucho más caro.

Comer puede ser barato, pero comer saludablemente es caro.

Sopa instantánea

Como cualquier estudiante universitario foráneo podría decirnos, alimentarse cuando no se cuenta con tanto dinero no es difícil. Las sopas instantáneas cuestan menos de diez pesos mexicanos, un euro o un dólar estadounidense. El problema es comprar comida saludable. Este tipo de sopas, por ejemplo son 20% calorías vacías y 80% sal (sodio). Si solo se consumieran estas sopas en cada comida durante algún tiempo, el riesgo para la salud sería inminente, o al menos eso me dijo el doctor.

Esta fue la situación que viví cuando estuve en quiebra. El tiempo se volvió más importante que mi salud y comprar comida rápida era más fácil que cocinar en casa. Además, la comida rápida no era demasiado cara. Esto me llevó a establecer una jerarquía alimenticia poco saludable: cuando tenía una buena semana compraba hotdogs en el QuikTrip de mi calle por sólo $2 USD cada uno. En cambio, en las semanas más difíciles, compraba paquetitos de ramen que duraban semanas completas. Aprendí también que las botellas de dos litros de refresco de marca genérica cuestan menos que un jugo de naranja o leche. Entonces, si algo quería beber además de agua, eso era.

Ahora, si proyectamos este tipo de dieta a mediano plazo, los resultados no serían nada buenos. Peor aún si lo hacemos a largo plazo.  Para cuando por fin comencé a ganar más dinero, el hábito ya estaba arraigado.  El refresco es indispensable en mi dieta. Además, me ha tomado un buen tiempo construir el hábito de cocinar comidas saludables en casa. Resulta muy fácil pensar que uno puede simplemente cambiar sus hábitos una vez que las cosas comienzan a mejorar. Sin embargo, uno no suele pensar en la cantidad de malos hábitos que ya se han creado.

Esto es algo de lo que resulta difícil salir. De acuerdo con una investigación de la Escuela de Salud Pública de Harvard, una comida sana en Estados Unidos cuesta en promedio $1.50 USD diarios (unos 30 pesos mexicanos) más que una comida no saludable. Esto es alrededor de $45 USD extras al mes, o $900 MXN. Si se cuenta con el dinero suficiente, esta cantidad no debe representar un gran problema. No obstante, si se gana el salario mínimo estadounidense de $7.25 USD por hora y se trabajan 40 horas a la semana, la cantidad representaría el 3.6% del salario anual total. Si solo se trabaja medio tiempo, o 32 horas a la semana es el 4.5% del ingreso anual. Esto sin impuestos, por cierto.

Cuando $1.50 USD diarios suman el 5% de tu salario anual no es de sorprender que se elija la soda de un dólar por sobre el jugo de naranja de cuatro dólares. Al diablo los efectos negativos a largo plazo, lo importante es poder pagar la renta. ¿Saben qué tiene efectos negativos a largo plazo? Ser desalojado. Entonces, pagaré el alquiler hoy y después me preocuparé por mi salud.

Al vivir precariamente, uno no puede pensar en el “a largo plazo” realmente. En el fondo de mi mente, sabía que lo inteligente era comprar cosas en las grandes tiendas solo para miembros. Pero a duras penas podía cubrir el costo de la membresía, así que no lo hice. También sabía que comer hot-dogs y sopas instantáneas en las gasolineras iba a matarme tarde o temprano. Pero si eso no sucedía antes del día de pago de alquiler, tenía que vivir con eso. Quizás podría haber vivido ligeramente mejor si hubiera planeado cocinar anticipadamente para toda la semana. Pero yo, como otros 6.8 millones de estadounidenses (de acuerdo con la Oficina de Estadística Laborales) tenía más de un trabajo, para poder sobrellevar mi situación. Es claro que no tenía el tiempo suficiente para ser saludable. Además, irónicamente, no tenía el dinero suficiente para comenzar a ahorrar dinero.

Los vehículos baratos son más caros de reparar y en el transporte público se pierde mucho tiempo.

Auto viejo

Tener un trabajo no sirve de mucho si no se puede llegar a este. Tener un auto resulta un gasto considerable, aun cuando ya se haya hecho el pago del enganche. Por otro lado, el transporte público puede resultar más accesible para los que menos tienen, sin embargo no hay suficiente cantidad ni calidad en muchas ciudades.

Transportarse tiene un par de costos ocultos cuando no se cuenta con tanto dinero. Uno de ellos es que las costosas reparaciones de algunas fallas automotrices son totalmente evitables. Claro, siempre y cuando se cuente con el dinero para repararlas en cuanto aparecen. Yo, por ejemplo, no cambié las pastillas de freno, o balatas, de mi auto en meses. De repente, este comenzó a hacer unos agudos ruidos familiares que indicaban que no me quedaba mucho tiempo antes de que estas dejaran de funcionar por completo. Odiaba ese ruido, pero odiaba aún más la idea de sobregirar mis tarjetas más de lo que ya estaban. Entonces, solo le subí el volumen a la radio y dejé de conducir tan seguido.

Cambiar las balatas de los frenos cuesta en promedio $145 USD, dependiendo del auto. Si tenía que gastar $145 dólares en balatas (y asumiendo que contara con esa cantidad en mi cuenta de ahorros), en el mejor de los casos, este gasto barrería con mi presupuesto mensual. En el peor de los casos, no podría pagar mis servicios (luz, agua, gas, etc). Por lo tanto, decidí posponerlo.

Al menos en una ocasión, mis frenos estuvieron tan mal que literalmente estaban triturando los rotores. Si esto nunca les ha pasado, esto hace un sonido horrible, de fricción entre metales. Reemplazar un rotor, por cierto, cuesta bastante más que cambiar las balatas. Claro, había esquivado un gasto, pero para cuando los rotores se terminaron de desgastar, estaba jodido. Entre más tiempo esperaba para darle el mantenimiento básico a mi auto, más caras eran las reparaciones que necesitaba.

Esperar era mi única opción. Y es que literalmente había veces en las que no tenía ese dinero. No era como “Ok, tengo el dinero, pero no debería gastarlo”. Era como “Reparar mi auto cuesta $145 dólares y tengo $12 en mi cuenta de ahorros”. Y aun así, tuve que manejar mi auto al trabajo. No tenía otra opción.

El transporte público es una gran opción, pero incluso hoy en día existen muchas ciudades donde no se ofrece este servicio. Incluso si en tu ciudad hay transporte público, existen otras cuestiones a considerar. El costo de usar el transporte público no es monetario totalmente, se paga con tiempo. Lo que normalmente es un recorrido de 10 minutos, puede convertirse en uno de una hora. Si pierdes el camión, añade otros 10 o 15 minutos a la cuenta. Cuando sólo se cuenta un par de horas libres al día, esa hora en el autobús significa que no tendrás tiempo para preparar una comida decente o lavar tu ropa. Esto aplica para los autos también (“Le hago el cambio de aceite –de una hora, la próxima semana”). Sin embargo al usar el transporte púbico el costo en tiempo aumenta rápidamente.

Desafortunadamente, el transporte no es exactamente opcional. Si tu auto se descompone y no cuentas con el dinero para repararlo, perderás dinero. Incluso hasta podrías perder tu trabajo. El costo en tiempo del transporte público también puede dificultar  el acomodo de actividades que te ayuden a salir de tu pobreza, como ir a la escuela. Irónicamente llegar al trabajo puede hacer más difícil el trabajo en sí, sobre todo cuando no se pueden costear todos los gastos asociados que esto conlleva.

Necesitas vestirte bien para avanzar, pero comprar ropa nueva no es una prioridad.

Armario

A pesar de la necesidad, comprar ropa nueva es visto como una compra estereotípicamente frívola. ¿Por qué la gente sin dinero debería comprar ropa linda cuando, por otro lado, batallan tanto para llegar a fin de mes? El problema es que, si no gastas en ropa, debes pagar un elevado costo social.

Algunos años atrás, trabajé en Walmart. Como es el caso de muchos vendedores, tuve que comprar mi propio uniforme. En ese entonces este consistía de una playera azul marino y pantalones kaki. Debido a que no tenía ninguno de los dos, tuve que exprimir cualquier presupuesto para ropa existente para poder ir a trabajar (antes de cobrar mi primer cheque, por cierto). El problema es que mi trabajo estaba en el exterior, empujando carritos. Y, como descubrí más tarde, el azul marino se decolora con el sol y este es muy intenso en Georgia.

Además mis zapatos tenían que ser reemplazados cada tres meses, pues caminaba todos los días todo el día sobre asfalto caliente. Y ni siquiera estaba siendo exagerado. Mis pies descalzos tocaban literalmente el piso cada pocos meses.

Está de más mencionar que la mayor parte del tiempo me veía muy mal. Mis camisas estaban descoloridas y mis zapatos se caían a pedazos. Y esto solo era en horas de trabajo. Cuando no estaba trabajando, mi ropa se veía aun peor. Cualquier dinero que estuviera destinado a comprar ropa nueva, se iba en comprar nuevos uniformes. El problema era que si deseaba buscar un trabajo nuevo en otro lugar, la mejor ropa que tenía para asistir a una entrevista era mi uniforme. Pasó mucho tiempo antes de poder comprar un atuendo presentable sin quedarme sin uniforme. Esto solo lo logré tramitando una pequeña línea de crédito en una famosa cadena de tiendas de ropa.

No importa cuánto me aconsejaron no pedir préstamos cuando no tuviera dinero, simplemente no podía comprar la ropa que necesitaba para verme presentable ante mis posibles futuros empleadores antes de poder conseguir el trabajo que deseaba.

Vestirse bien es algo problemático. Si no se gana bien pero te vistes bien, la gente pensará que eres irresponsable con el dinero. Por el contrario, si no te vistes bien, serás juzgado como una persona sucia o poco formal, especialmente en las entrevistas de trabajo. El cómo te vistes puede hacer la diferencia entre obtener el empleo o ser descartado inmediatamente. Este efecto es tan fuerte que el vestir de una marca reconocida puede mejorar la forma en la que eres percibido por otras personas. Es triste pero así funciona el mundo en el que vivimos.

Por supuesto, el costo de la ropa no se limita a la presión social. Tan solo mantener la ropa limpia y presentable representa un gran gasto de tiempo y dinero. Si no tienes una lavadora y una secadora, deberás pasar algún tiempo en la lavandería de tu vecindario. Ir a una lavandería es dinero y tiempo cada vez que es necesario lavar ropa. Se pierde tiempo que sería mejor pasar trabajando, aprendiendo una habilidad o pasando tiempo con la familia.

Lo peor es lo frívolo que todo esto suena. Francamente es desmoralizador. Como alguien que ha tenido que usar ropa vieja para ir al trabajo y ropa aún peor para mis días de descanso, sé lo que se siente ser visto diferente. Uno recibe comentarios acerca de cómo necesitas ropa nueva. Además, algunas personas te recuerdan, unas veces educadamente y otras no tanto, que tu ropa agoniza. Parece que si no has comprado zapatos decentes es muestra de tu falta de cuidado personal, no de tu falta de dinero. ¿Por qué no has comprado zapatos nuevos aún? Cómo si ir a la tienda y comprar zapatos fuera tan fácil como ganar una  carrera de obstáculos.

A pesar de esto, no podía dejar de lado la sensación de vanidad que invadía mis pensamientos al encontrarme pensando en mi cuidado personal. La comida es algo de primera necesidad. Pagar la renta también lo es. Ni hablar del transporte. ¿Qué hay de comprar ropa nueva, entonces? ¿Por qué si compras ropa nueva no puedes dejar de quejarte acerca de lo quebrado que estás? Al menos puedes ignorar estos pensamientos y dejarlos atrás. Pero no puedes cambiar las opiniones de las personas si te ven con ropa vieja, pero si puede ignorarlos cuando te hagan molestos comentaros acerca de  lo mucho que gastas. Ya sabes, siempre y cuando puedas encontrar la forma de comenzar a renovar tu guardarropa.

Las cuotas en conjunto pueden arruinar tu presupuesto.

Evitar pagar algunas cuotas es parte del ritual de supervivencia en los hogares de ingresos bajos. Este tema obtuvo su propio apartado porque cuando el dinero falta, aparecen pagos pendientes por todos lados. Existe una cuota por tener una cuenta en un banco. Hay cuotas por no tener una cuenta en un banco. Cuotas por pagar fuera de tiempo. Cuota por el tipo de tarjeta con que se paga. Incluso una cuota por no poder pagar las cuotas. Una persona podría fácilmente hundirse en todos los pagos que, incluso las personas menos favorecidas económicamente, tienen que hacer.

Unos pagos específicos que me dañaron gravemente a lo largo de varios años fueron las cuotas por sobregiros o intereses. Si pagaba algo con mi tarjeta de débito, pero al momento resultaba que no tenía suficiente dinero en la tarjeta, el banco me cobraba $35 USD por transacción no completada. Parece fácil, ¿no? ¡Deja de gasta dinero que no tienes, Eric!

Pero así no es como funcionan las cosas cuando estás quebrado. En esa situación, uno debe sobreanalizar obsesivamente cada uno de los movimientos de su cuenta. No solo cuanto, también cuando. Si se paga la cuenta de electricidad hoy, pero el pago no está programado para pasar hasta la próxima semana, tienes que recordar que tienes menos dinero del que parece. Mi banco, particularmente, tenía un software pésimo. Su página web tenía la finta de no haber sido actualizada al menos desde los 90s (aún se ve así). No tenía ninguna herramienta para mantener un registro de a dónde iba el dinero de varios pagos. El “saldo disponible” mostraba cuando dinero no se había gastado aún, pero no confiaba en él. Lo mejor que podía hacer era mantener un registro escrito de cada transacción hecha, pero si olvidaba anotar algo, o hacía mal las cuentas, estaba jodido.

Esto era peor cuando mi banco aplicaba los pagos en orden de mayor a menor en vez de aplicarlos cronológicamente. Por ejemplo, digamos que tenía $150 dólares en mi cuenta y accidentalmente gasté $160. Pagué $150 de luz y $10 en pequeñas cuentas de $2.50 cada una. Incluso si había pagado la luz al final, este pago era el primero en pasar, dejándome en ceros. Luego cada transacción de $2.50 que no pasaba me costaba $35 en penalizaciones. Si los pagos hubieran pasado en el orden correcto, sólo hubiera habido una penalización. Pero desafortunadamente no fue así y terminaron cobrándome $140 por cuatro penalizaciones.

Por alguna triste razón esto me sucedía más seguido de los que hubiese querido. A veces era mi culpa. Pero también había veces en las que los depósitos no caían cuando tenían que hacerlo, o los pagos pasaban antes de su fecha de vencimiento. Lo que era un pequeño error para algunos, a mí me dejaba sin dinero por semanas.

No obstante, los bancos no son los únicos que cobran penalizaciones. Cada año, tenía que pagar el registro de mi auto. En un año particularmente malo, sucedió que no tuve dinero para pagar el registro. Además, mi trabajo no estaba lejos de mi casa. Entonces cuando tuve que elegir entre pagar el registro o pagar mi comida, escogí lo segundo. Me arriesgaba a ir del trabajo a casa sin ser detenido. Una semana después del vencimiento de mi registro, me paró la policía. Me dejaron ir con una advertencia y la promesa de pagar el registro.  Pasó otra semana (y aún no juntaba el dinero necesario para pagar el registro) y me volvieron a parar. Como era ya la segunda vez con la misma ofensa, me multaron con casi $100 dólares.

Esto no facilitó de ninguna forma el pago del registro. Paso algún tiempo antes de poder pagar la multa, con el dinero que recibí como bono navideño. Justo lo que siempre había querido para Navidad.

El pago de mutas e intereses aparecen en todos lados cuando menos dinero tienes. Los bancos cobran extra muchos de sus servicios, como el uso de cheques. Una multa de tráfico puede convertirse en algo cada vez más grande, hasta salirse de control. Los servicios pueden cobrar un extra si se paga con tarjeta de débito. Si no puedes conseguir que un banco apruebe un crédito para ti, los esquemas de pago pueden cobrar cuotas por usar tu propio dinero. Estas penalizaciones aumentan y se suman para lastimarte más cuando menos dinero tengas. Si no se cumple con esos pagos solo genera más penalizaciones, lo que significa que al final resulta más caro ser pobre.

Con todas estas cosas, viene el elemento de la responsabilidad. Por ejemplo, ¿podría haber elegido caminar al trabajo  en vez de manejar un auto con una estampa vencida? ¡Quizás sí! Aunque ya lo había intentado antes y terminé mojándome en la lluvia, con un teléfono completamente mojado. En ese entonces estaba escribiendo y analizando el sistema operativo Android. Esta sola elección, de ahorrar dinero, pudo haber significado un bache importante en mi carrera.

Este tipo de cosas son las que hacen que ser pobre sea tan difícil. Seguro, puedes tomar decisiones que aligeren la carga en tus hombros, pero el margen de error es mínimo. Mientras tanto, la cantidad de trabajo extra que tienes que hacer para sobrellevar tu situación es mucho más alta. Puedes pasar diez horas al día intentando hacer que cada centavo de tu presupuesto rinda al máximo, pero basta un solo error para arruinar el mes entero.

Esta es tan solo mi experiencia. Hay personas que han tenido peores cargas que la mía. En mis puntos más bajos, era tan afortunado que tenía gente a mi alrededor dispuesta a ayudarme. Muchas veces recibí una bocanada de aire inesperada cuando más la necesité. La mayoría no tiene tanta suerte. Cuando el castigo por ser cometer un error o tener un accidente es tan duro, puede volver casi imposible incluso para la persona más trabajadora, salir del círculo de la pobreza.

Cuanto debe durar una siesta para obtener sus mejores beneficios

Siesta

Tomar una siesta, como hemos leído incansablemente, ayuda a reiniciar nuestros cerebros. Sin embargo, tomar siestas no es tan fácil como podría parecer. Para ayudarnos a obtener el mejor descanso posible, el Wall Street Journal ha ofrecido una serie de recomendaciones para lograr el descanso perfecto, incluidos cuándo y cuánto tiempo se debe dormir.

Estas recomendaciones fueron escritas por un grupo reconocido de expertos del sueño. Ellos indicaron que una siesta de entre 10 y 20 minutos es suficiente para obtener los máximos beneficios de esta. No obstante, dependiendo de lo que nuestro cuerpo o mente necesiten, existen otras duraciones recomendadas:

Para un aumento y recuperación rápida de la agilidad mental, los expertos opinan que dormir entre 10 y 20 minutos es lo ideal. Si se toma una siesta de esta duración, uno regresará a sus deberes como nuevo.

Por otro lado, si lo que se desea mejorar es el proceso cognitivo de la memoria, una siesta de una hora resultaría mejor. Esto según el doctor Medcnick. El sueño profundo o de ondas lentas sirve para recordar cosas, lugares y rostros. Lo malo de las siestas tan largas, es que se suele despertar con pesadez, mal humor y dificultades.

Por último, una siesta de 90 minutos puede involucrar un ciclo completo de sueño. Esto resulta benéfico para la creatividad, la memoria emotiva y la memoria procedimental. Despertarse después de un ciclo REM suele involucrar una mínima cantidad de inercia del sueño, de acuerdo con el doctor Mednick.

Además de estas recomendaciones, una sugerencia algo inesperada es dormir ligeramente inclinado, casi sentado. De esta forma se evitaría caer en un sueño profundo. Otro dato importante a tomar en cuenta es si se sueña al tomar una siesta. Esto es indicativo de que no se está durmiendo lo suficiente o se necesitan más horas de sueño durante la noche.

Finalmente, al planear una siesta es importante también tomar en cuenta el momento del día en que se planea hacerlo.