¿Quieres ser feliz? Deja de hacer estas 10 cosas.

La felicidad,  tanto en tu vida personal como en la laboral, es a menudo una cuestión de quitar, no de agregar. Consideremos por ejemplo lo que sucede cuando dejamos de hacer las siguientes cosas:

Buscar culpables

Las personas se equivocan.  A veces los empleados no cumplen tus expectativas. Los proveedores no siempre son puntuales. Entonces, resulta fácil echarles la culpa a ellos de tus problemas.  No obstante, también es tu culpa. Tal vez no entrenaste lo suficientemente bien a tus empleados. Quizás tus expectativas eran irreales y querías mucho en poco tiempo.

Asumir la responsabilidad cuando algo no sale como lo esperabas en lugar de culpar a otros es engrandecedor. Lo único que puede resultar de esto es que la próxima vez harás las cosas de mejor forma. Y cuando uno crece como persona, aceptando sus errores y asumiendo sus responsabilidades, también crece la felicidad.

Intentar impresionar a los demás

Las personas no te quieren por tu ropa, tu auto, tus posesiones, tu título universitario  o tus logros personales. Esas son “cosas”. Puede que a las personas les gusten tus cosas pero eso no quiere decir que les gustes tú. Claro, puede parecer que sí, pero solo es superficial y lo superficial es insustancial. Una relación que no se basa en lo interno, en la sustancia, no es una relación real.

Las relaciones reales te hacen feliz, no te hacen sentir utilizado. En el momento en que dejes de intentar impresionar a otros y seas tú mismo, comenzarás a formar relaciones genuinas.

Aferrarnos

Cuando eres miedoso e inseguro, te aferras a lo que conoces, aun sabiendo que no es lo mejor para ti.  Aferrarse a lo que crees que necesitas no te hará feliz, dejar ir para poder alcanzar lo que quieres si lo hará. Incluso si no tienes éxito, la sola acción de hacer algo por y para ti te hará sentir mejor.

Interrumpir

Interrumpir no solo es grosero, cuando interrumpes a alguien es como si dijeras “No te escucho, por lo tanto no entiendo lo que dices”.

 ¿Quieres que a las personas les guste estar contigo? Escucha lo que dicen, concéntrate en ello. Si no entiendes, haz preguntas. Las personas apreciarán tu atención y amarán la forma en que los haces sentir.

Quejarnos

Tus palabras tienen poder, especialmente sobre ti. Cuando te quejas acerca de tus problemas, lo único que logras es sentirte peor, no mejor. Si algo está mal, no desperdicies tiempo quejándote. Mejor esfuérzate en sacar lo máximo de la situación. Aunque quieras quejarte por siempre, no podrás, pues tarde o temprano deberás de hacer el esfuerzo por mejorarlo. Entonces, ¿por qué desperdiciar tiempo? ¡Arréglalo ya!

No hables acerca de lo mal que están las cosas. Habla, aunque sea contigo mismo, de cómo podrías mejorar las cosas. Ahora haz lo mismo con tus amigos o tus colegas de trabajo. No seas solo un hombre sobre el que llorar. Los amigos no dejan que sus amigos se quejen. Los amigos ayudan a sus amigos a cambiar las cosas.

Controlar

Si, eres el que está a cargo. Si, eres el maestro de la industria. Por supuesto, eres el gato y no dejas que los ratones hagan fiesta. Aun así, lo único que está dentro de tu control eres tú mismo. Intentar controlar a otros equivale a decir que tus metas, sueños y opiniones son más importantes que los suyos.

Además, el control no dura mucho, pues requiere energía, miedo, autoridad y presión, ninguno de los cuales son sanos en exceso para nadie. Busca personas con quienes compartas un rumbo, un destino. Lograrás que todos trabajen más y mejor, se diviertan mientras lo hacen y formen relaciones personales y de negocios. Además todos serán más felices.

Criticar

Sí, eres más educado. Tienes más experiencia. Haz recorrido más caminos, escalado montañas más altas y derrotado a más dragones. No obstante, nada de eso te hace una mejor persona, ni una más inteligente o más perspicaz. Eso solo te hace ser tú: único, sin comparación, tú. Justo como todos los demás, únicos.

Todos somos diferentes, no hay mejores o peores, solo diferentes. Aprende a apreciar las diferencias en vez de fijarte en los defectos y verás a las personas, además de a ti mismo, de mejor forma.

Sermonear

Criticar es cercano a sermonear. Ambos comparten el mismo padre: el juicio. Entre más logres y entre más cumplas, es más probable que empieces a creer que lo sabes todo. De ahí hay una corta distancia a decirle a las personas todo lo que crees que sabes sin que te lo pidan.

Cuando hablas con más firmeza que bases, puede que las personas te oigan pero no te escucharán. Pocas cosas son más tristes, pocas cosas pueden hacerte tan infeliz.

Obsesionarnos

El pasado es invaluable. Gracias a él, aprendemos de nuestros errores y de los errores de otras personas. Después, es importante dejarlo ir. Claro, puede ser más fácil decirlo que hacerlo, pero todo depende de si lo ves como una oportunidad para aprender algo que no sepas ya. Cuando algo malo te pasa, elige verlo como una oportunidad para ser bueno, comprensivo y perdonar.

El pasado es entrenamiento solamente. No te define de ninguna forma. Piensa en las veces que te has equivocado solo para asegurarte que la próxima vez todo salga bien.

Tener miedo

Todos sentimos miedo. Tenemos miedo de lo que podría o no pasar, de lo que no podemos cambiar, de los que no podremos hacer y de cómo nos perciben las personas. Por lo tanto es más fácil dudar, esperar el momento adecuado para decidir, o decidir que necesitamos explorar alternativas antes de tomar un decisión.

Mientras, el tiempo pasa. Nuestros sueños se desvanecen. No permitas que tus miedos te impidan hacer lo que quieres. Lo que estés planeando, lo que hayas imaginado, lo que soñaste, empieza a construirlo hoy. Si quieres comenzar tu propio negocio, toma el primer paso hoy. Si quieres cambiar de profesión, hazlo hoy. Haz a un lado tus miedos y empieza, haz algo, lo que sea. De lo contrario, hoy será otro día perdido.

El presente es nuestra mejor posesión y la única que deberíamos temer perder.

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